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PROPIEDAD INDUSTRIAL

La libertad de expresión no exime de la infracción de la propiedad intelectual

Por Juan José Caselles

Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de 19 de febrero de 2013, caso The Pirate Bay (40397/12).

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1.- Hechos. 

El Sr. Fredrik Neij, de nacionalidad sueca, y el Sr. Peter Sunde Kolmisoppi, de nacionalidad finlandesa, estuvieron envueltos durante 2005 y 2006 en la organización, administración, programación, financiación y funcionamiento de uno de los servicios de intercambio de archivos en Internet más grandes del mundo, el sitio web “The Pirate Bay”. Este servicio usa el protocolo “BitTorrent” y permite que los usuarios entren en contacto entre ellos a través de archivos torrent, que en la práctica funcionan como links de Internet. Los usuarios pueden entonces, fuera de los ordenadores de “The Pirate Bay”, intercambiar contenidos digitales a través de compartir los archivos torrent. 


2.- Pronunciamientos. 

Sr. Neij y Sr. Sunde Kolmisoppi fueron acusados, entre otros, de complicidad en la comisión de delitos contra la Ley de Propiedad Industrial sueca. El Ministerio Fiscal les acusó de facilitar a otros la oportunidad de subir archivos torrent a “The Pirate Bay”, de ofrecer una base de datos enlazada a un catálogo de archivos torrent, incluyendo la búsqueda y bajada de archivos torrent, y de proporcionar los medios para que las personas que desearan compartir archivos contactaran con otros a través de la función de rastreo. 

Los acusados alegaron que eran los usuarios los responsables de los archivos que facilitaban y compartían con otros y que “The Pirate Bay” debía ser considerada como proveedora de servicios de acuerdo con la Ley de Comercio Electrónico sueca. 

El Tribunal de Distrito de Estocolmo condenó a ambos, el 17 de abril de 2009, a la pena de un año de cárcel y les condenó al pago de daños, junto a otras personas, por importe aproximado de 3,3 millones de euros. 

El Tribunal de Apelación de Suecia, en fecha 26 de noviembre de 2010, redujo la pena de prisión a diez meses al Sr. Neij y a ocho meses al Sr. Sunde Kolmisoppi, pero aumentó su responsabilidad conjunta por daños a aproximadamente 5 millones de euros. 

El Tribunal Supremo de Suecia inadmitió a trámite el recurso el 1 de febrero de 2012

Los recurrentes acudieron al Tribunal Europeo de Derechos Humanos alegando que su condena penal violaba su derecho a la libertad de expresión reconocido en el Art. 10 de la Convención Europea de Derechos Humanos que, según ellos, consagra el derecho a ofrecer un servicio automático de transferencia de materiales no protegidos entre usuarios de acuerdo con los principios básicos de comunicación en Internet y de la sociedad de la información, añadiendo que su derecho a recibir y comunicar información había sido violado al ser condenados por el uso realizado por otras personas de “The Pirate Bay”. 

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en la sentencia objeto de este comentario, rechaza los argumentos de los solicitantes por resultar manifiestamente infundados. El Tribunal reitera que el art. 10 de la Convención garantiza el derecho de recibir y distribuir información en Internet, incluyendo el intercambio de material protegido por derechos de propiedad intelectual, y, por lo tanto, su condena interfirió con su derecho de libertad de expresión. Sin embargo, el Tribunal declara que la injerencia de las autoridades suecas estaban prescritas por la ley y que el Tribunal tenía que sopesar los dos intereses contrapuestos protegidos por la Convención: el derecho de los solicitantes a facilitar el intercambio de información en Internet y el derecho de los titulares de derechos de propiedad intelectual a ser protegidos contra la infracción de los mismos.

Este Tribunal concluye que las autoridades suecas tenían un amplio margen de apreciación para decidir en tales temas, ya que la información en cuestión no tenía el mismo nivel de protección que la expresión y el debate político, y que su obligación de proteger el derecho de propiedad intelectual por su ley nacional y la Convención constituía una sólida razón para restringir la libertad de expresión de los solicitantes. Considerando que los solicitantes no habían retirado de su sito web el material protegido por derechos de autor a pesar de haber sido requeridos para ello, la condena a prisión y al pago de daños no era desproporcionada.

 

3.- Comentario. 

Aunque la libertad de expresión está reconocida en el art. 10 de la Convención Europea de Derechos Humanos y, a nivel interno, en el art. 20 de la Constitución Española, no se configura en ningún caso con carácter absoluto. Al igual que otros derechos, tiene también sus límites: la existencia de otros derechos protegidos por el Estado en base a sus leyes nacionales. 

Resulta importante analizar el tipo concreto de información que se comunica y distribuye, no pudiendo prevalecer automáticamente la libertad de expresión frente a la propiedad intelectual. 

Esta sentencia supone conceder un mayor papel al sistema de “take down notices”, puesto que la no retirada de los materiales protegidos, pese a haber sido requeridos a ello, puede justificar la condena penal.

(Fuente de la información: ANUARIO ELZABURU 2013, recopilatorio de comentarios de jurisprudencia europea en materia de Derecho de Propiedad Industrial e Intelectual que realiza Elzaburu).  

Documento citado: 

- Convenio de Roma de 4 de noviembre de 1950, para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades, EDL1979/3822 (ver fichero adjunto).

 

ENGLISH VERSION 

Freedom of expression no exculpation from copyright infringement.

Judgment of the European Court of Human Rights of 19 February 2013, The Pirate Bay (40397/12). 


1.- Background. 

During 2005 and 2006 Mr. Fredrik Neij, a Swedish national, and Mr. Peter Sunde Kolmisoppi, a Finnish national, were involved in the organization, administration, programming, financing and operation of one of the world's largest file sharing services on the Internet, the “The Pirate Bay” website. This service used the “BitTorrent” protocol and allowed users to come into contact with each other through torrent files, which in practice function as Internet links. Users could then, outside the “The Pirate Bay” computers, exchange digital material by sharing torrent files.


2.- Findings. 

Mr. Neij and Mr. Sunde Kolmisoppi were charged, inter alia, with complicity to commit crimes in violation of the Swedish Copyright Act. The prosecutor accused them of furthering other persons' opportunity to upload torrent files to “The Pirate Bay”, providing a database linked to a catalogue of torrent files, including the opportunity to search for and download torrent files, and providing the means to allow individuals wishing to share files to contact each other through a tracker function. 

The defendants alleged that the users were responsible for the files that they supplied and shared with others and that “The Pirate Bay” should be regarded as a service provider in accordance with the Swedish Electronic Commerce Act.

On 17 April 2009 the Stockholm District Court convicted the two to one year's imprisonment and ordered them, together with other defendants, to pay damages amounting to approximately 3.3 million euros. 

On 26 November 2010 the Swedish Court of Appeal reduced the prison sentence of Mr. Neij to ten months and that of Mr. Sunde Kolmisoppi to eight months but increased their joint liability for damages to approximately 5 million euros.

On 1 February 2012 the Swedish Supreme Court refused leave to appeal. 

The appellants lodged an appeal with the European Court of Human Rights on grounds that their criminal conviction violated their right to freedom of expression under Article 10 of the European Convention on Human Rights which, in their view, enshrines the right to offer an automatic service of transferring unprotected material between users, according to basic principles of communication on the Internet, and within the information society, adding that their right to receive and impart information had been violated by their conviction for other persons' use of “The Pirate Bay”. 

In the judgment discussed here, the European Court of Human Rights rejected the appellants' arguments as manifestly ill-founded. The Court reiterated that Article 10 of the Convention guarantees the right to receive and impart information on the Internet, including the exchange of copyright protected material, and that, as a result, the conviction interfered with the appellants' right to freedom of expression. However, the Court went on to state that the interference by the Swedish authorities was prescribed by law and that the Court had to weigh the two opposing interests protected under the Convention: the right of the appellants to facilitate the sharing of information on the Internet and the rights of copyright holders to enjoy protection against infringement. 

The Court concluded that the Swedish authorities had a wide margin of appreciation to decide on such cases, in that the information in question did not enjoy the same level of protection as that afforded to political expression and debate, and that their obligation to protect intellectual property rights in accordance with the Copyright Act and the Convention were weighty reasons for the restriction of the appellants freedom of expression. The Court also found that, since that the appellants had not taken any action to remove the copyrighted material, despite having been requested to do so, the prison sentence and award of damages could not be regarded as disproportionate. 


3.- Remarks. 

Although the right to freedom of expression is recognized under Article 10 of the European Convention on Human Rights and, domestically, under Article 20 of the Spanish Constitution, under no circumstances is it an absolute right. As with other rights, it also has its limitations: the existence of other rights protected by the State on the basis of national laws. 

It is important to assess the specific type of information imparted and distributed, since freedom of expression cannot be regarded as automatically taking precedence over intellectual property. 

The judgment amounts to affording greater weight to the system of “take down notices”, given that failure to remove copyrighted material when requested to do so may furnish grounds for a criminal conviction. 

Lefebvre - EL Derecho no comparte necesariamente ni se responsabiliza de las opiniones expresadas por los autores o colaboradores de esta publicación

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