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Facebook: Intimidad y la teoría de los tres mordiscos

Por Beatriz Sanjurjo Rebollo

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Nos resulta casi imposible entender hoy un mundo sin redes sociales. Facebook ha cambiado el mundo de las comunicaciones y en el uso de esta red el derecho a la intimidad sufre vulneraciones que pueden tener distintos orígenes, es la teoría de los tres mordiscos

Cada día nuestros pulgares escriben aceleradamente en una constante carrera contra el lenguaje predictivo y, sin darnos cuenta, en ese camino nuestra privacidad sufre, en ocasiones por propia decisión del titular del derecho, en otras debido a la actuación de terceros usuarios y finalmente, la vulneración puede originarse por el propio juego del sistema, de la red, que entremezcla algoritmos y cookies adivinando incluso aquello que no contamos en Facebook. 

Cuando esta red social surgió de la mente de Mark Zuckerberg, tratando de crear un modo cómodo y práctico de relaciones online con conexiones entre sus contactos, su creador no imaginaba en lo que se convertiría Facebook, una red con nudos interconectados que facilitando la conexión de tu grupo de amigos llegaría a ser un fenómeno de masas, una aventura global de comunicación donde jugamos todos, sin fronteras y sin horarios. 

Facebook, escenario del derecho a la información y de la libertad de expresión.- El artículo 20 de la Constitución Española regula el derecho a la información (art. 20.1. b CE) y a la libertad de expresión (art. 20.1.a CE), estos derechos de comunicación son los que más se desarrollan digitalmente en Facebook. 

El derecho a la información en esta red social permite el intercambio de datos e informaciones que pueden ser subidos por los usuarios y que son compartidos por aquellos a los que les resulta interesante lo publicado. Y la libertad de expresión se ejercita cada vez que los usuarios de Facebook se expresan y manifiestan sus ideas u opiniones de forma libre mediante publicaciones que aparecen en su muro, sobre las que sus contactos opinan clicando 'Me Gusta'. Así, comentan y comparten contenidos en su propio muro aumentando su difusión de manera pública y haciendo que puedan llegar a cualquier lugar del mundo de forma inmediata, tan solo tenemos que pulsar una tecla o tocar nuestra pantalla táctil. 

De este modo, Facebook ha creado un gran foro en el que el ejercicio de las libertades de comunicación tienen su limitación constitucional en el honor, la intimidad, la propia imagen y la protección a la juventud y a la infancia (art. 20.4 CE), recordemos que estos límites son derechos constitucionales con entidad propia (art. 18 CE), irrenunciables, inalienables e imprescriptibles, que frecuentemente colisionan en la red. 

Los datos que subimos o las imágenes que colgamos muchas veces no son propias, lo que al margen de problemas de propiedad intelectual, en cuanto a la intimidad resultan muchas veces conflictivos, cuando, por ejemplo, subimos fotografías de viajes que hemos realizado con otras personas, o comentarios sobre nuestros amigos, valorando personas o sucesos, actuaciones con las que podemos afectar la privacidad de otras personas.

Incluso hay quien va más allá y se une a la moda de poner fotografías en su perfil con sus hijos, familiares o vecinos menores de edad, con lo que exponen de forma gratuita su intimidad, actuaciones que pueden colisionar con la protección de los derechos de esos menores, existiendo ya algún procedimiento de hijos quienes llegados a la mayoría de edad demandan a sus padres por no haber protegido de manera suficiente su intimidad. Consecuencias que se evitarían si nos acostumbrásemos a respetar el derecho al honor, la intimidad, la propia imagen, la juventud y la infancia en todas nuestras actuaciones en Facebook, al igual que en el resto de redes sociales. La afectación que ha sufrido el derecho a la intimidad se explica en lo que he dado en llamar mi teoría de los tres mordiscos virtuales

Primer mordisco: la vulneración propia.- El hecho de que Internet sea un lugar de interacción gratuito –salvo el coste de la conexión o de una tarifa de datos- se confunde erróneamente con la idea de que todo esté permitido en la red, y con la máxima ficticia de que hay compartir todo lo que nos ocurre y con inmediatez, con lo que en ocasiones exponemos de forma gratuita e innecesaria más datos de nuestra vida privada de los que deberíamos desvelar. 

El ejemplo más sencillo es la típica foto de grupo que se sube cuando se sale de viaje y que se publica en Facebook con el comentario de 'una semana todos a la playa', o un selfie con la torre de Pisa de fondo, que hace saber a nuestros contactos en ese momento dónde nos encontramos. Acciones que pueden reproducirse de muro en muro, muchas más veces de las que pensamos, hasta que se convierten en un magnífico regalo para cualquier ladrón que desvalija el domicilio, lo que ha ocurrido más de una vez. El uso de esta red social pone de manifiesto que no somos cuidadosos con nuestra privacidad en Facebook, un lugar que para muchos se ha convertido en un gran diario digital junto a Twitter, un contexto donde nosotros somos los primeros en autolesionar nuestra intimidad, ofreciendo información en exceso. Un fenómeno estudiado por todos los psicólogos del mundo al haberse creado un nuevo comportamiento de búsqueda de aceptación por el grupo al que debemos informar de forma constante sobre nuestra actividad tratando de conseguir su aprobación, mediante cuantos más 'Me Gusta', mejor. 

El primer problema es por tanto, que nuestro derecho a la intimidad no solo puede ser víctima de la actuación de los demás en Facebook, sino también, de nosotros mismos, al no cuidar de forma suficiente nuestra vida privada, en ocasiones simplemente porque no la otorgamos el valor que realmente tiene, en otras, porque actuamos por una falsa impresión de privacidad de actuar en redes. Esto nos convierte en autores de ese primer mordisco virtual a nuestra intimidad. 

Segundo mordisco: Vulneración por terceros.- Cuando la vulneración al honor, la intimidad y la propia imagen en la red proviene de terceros, esta se produce en muchos casos por simple desconocimiento de que se está cometiendo una ilegalidad con esa actuación, pues, lógicamente sino damos importancia a nuestra intimidad, menos valor otorgaremos a la de los demás, con lo que para algunos Facebook desarrolla la novedosa capacidad de ignorar la obligación de llevar a cabo un ejercicio respetuoso con los derechos ajenos. 

Se hacen comentarios, se suben fotografías y se dan informaciones que pueden marcar la imagen de una persona de por vida. Lo bueno, es que existen algunos caminos, como poder desetiquetarnos en fotografías, ejercer el derecho al olvido o interponer acciones legales en virtud de la LO 1/1982, de 5 de mayo, si son civiles, o acciones penales si ha ellas ha lugar; lo malo, que el daño real, sea directo o colateral, ya se ha producido. 

No analizar previamente el perjuicio que a los demás puede ocasionarse con el mal uso de una red social multiplica exponencialmente las lesiones del derecho a la intimidad, algo que ocurre especialmente en nuevos usuarios, de ahí que cada vez se subraye más la importancia de la labor formativa en este sentido de padres, educadores y expertos, sobre beneficios y peligros de un mal uso de redes sociales como Facebook. 

El ciberacoso, el bulling o la pedofilia crean víctimas a diario entre los usuarios de redes sociales; pero, si hablamos de intimidad, las injurias y calumnias son cuantitativamente el núcleo duro en Facebook, al incluirse con frecuencia comentarios que lesionan la dignidad de una persona, atentando contra su reputación o propia estimación, o atribuyendo hechos falsos, o incluso delitos constando su falsedad o con temerario desprecio a la verdad, desacreditando con ello públicamente a los afectados. Informaciones degradantes o perjudiciales que hacen de las injurias (art. 208 y ss CP) y calumnias (art. 205 CP) las estrellas principales de este escenario cuando hablamos de vulneraciones al honor.

En ocasiones, los afectados, especialmente si son adolescentes, viven con dramatismo esa agresión a la intimidad porque Facebook incrementa su publicidad y con ello su capacidad de daño, al ser difundida y comentada cualquier información por todo un grupo con inmediatez. Ese es el segundo mordisco virtual en nuestra intimidad, el que dan los demás a nuestra privacidad.

Y es que la gran variedad de posibilidades de la navegación en Facebook crea en nosotros una falsa realidad de que todo está permitido por la libertad de expresión y de opinión que facilita, y esa es una de las mayores ficciones digitales, creer que subir cualquier comentario u opinión sobre una persona no tiene límites. La red nos permite expresarnos con libertad, es cierto; pero, al tiempo debemos ser responsables y asumir que todos tenemos el derecho a crear nuestra propia esfera de intimidad, ese ámbito en el que no deseamos que los demás entren, o bien, que entren solo los que nosotros deseamos que lo hagan, un derecho fundamental a nuestra dignidad reconocido por nuestra Carta Magna (arts. 18 y 10.1 CE), y una obligación de respeto a asumir. 

Tercer mordisco: Vulneraciones por la propia Red.- Pero, qué hace que se vulnere tanto la intimidad en Facebook. Lo hemos comentado, en primer lugar, la actitud de los propios usuarios cuando de forma poco meditada facilitamos muchos más datos de los que debiéramos; y en segundo lugar, porque, consecuencia de ello, si nosotros ni valoramos ni velamos de forma suficiente por nuestra privacidad, menos lo harán los terceros; por lo que, resulta exigible una mayor responsabilidad por parte de todos para lograr un uso seguro de Facebook; pero, ¿y sí quien vulnera nuestra intimidad es nuestra propia red?, este es el tercer mordisco virtual. 

Cada vez son más frecuentes la utilización de las cookies para captar información sobre nuestras búsquedas en red, si bien, han de cumplir la denominada ley de cookies, y comunicarnos que van a instalarse en nuestro sistema; lo cierto es que en poco tiempo han demostrado que funcionan y funcionan bien, pues cuando Facebook detecta que buscamos información sobre un tema, no duda en enviarnos pronto publicidad vinculada a esa búsqueda una vez que conoce nuestros gustos y preferencias. El caso más curioso y al tiempo más polémico ha sido el que ha salido a la luz recientemente relativo a un usuario de esta red al que habían diagnosticado cáncer y comenzó a buscar información en Internet sobre ello. Facebook detectó su búsqueda y le ofreció publicidad de lo que el sistema había identificado como más interesante para él, enviándole publicidad de funerarias. Lo que resultó además de un detalle de mal gusto, una mínima sensibilidad; pero, qué podemos pedirle a un algoritmo, ¿sensibilidad? Si fuese así, pasaríamos a un sistema de cibertecnología pensante, a ese futuro tantas veces tratado en obras de ciencia ficción. Pero, al margen, lo cierto es que esto crea nuevos interrogantes ¿hasta qué punto una cookie o el uso de un algoritmo puede vulnerar mi intimidad?, ¿lo hace él o el ingeniero de sistemas?, ¿él o Facebook? Evidentemente la responsabilidad es de la red social. 

La cantidad de datos que sobre nosotros acumula Facebook es mucho mayor de lo que podemos pensar. Y ocurre en todas las redes sociales; por ejemplo, Twitter presume de  poder hacer tu biografía en base a lo que tuiteas, y Facebook, como vemos, te ofrece publicidad asociada a tus gustos de forma inmediata, o incluso si tienes problemas de depresión, lo detecta por una alerta ante el uso de determinadas palabras negativas, y pone en marcha un ciberprotocolo para que puedas ponerte en contacto con grupos de personas que están pasando por lo mismo que tú, e incluso avisa a tus contactos de tu bajo estado de ánimo. La idea surgió con el fin de evitar suicidios anunciados en la red creando un listado de palabras que se identifican con el peligro del suceso y pone en marcha sistemas de ayuda al usuario para evitar suicidios. Facebook parece saber todo sobre nosotros, la red considerada la mayor biblioteca de fotografías del mundo, también es la mayor biblioteca de nuestros datos. 

Especial referencia al cambio psicológico de la generación Z.- Los adolescentes son los más volcados en el uso de las redes sociales. En algunos casos sus vidas son un escaparate público, algo que para una empresa bien enfocado es fundamental, pero, que a nivel personal, no lo es tanto, y que está cambiando la psicología de una generación que corre el peligro de no valorar suficientemente su privacidad. 

Facebook es la tónica para estar integrado, porque para los nacidos en el nuevo milenio, la generación Z, hay que estar admitido en el grupo y conseguir su aceptación; lo contrario puede crear graves problemas de autoestima para algunos adolescentes que miden sus amistades solo por el número de amigos en Facebook, para quieres su vida se vincula a los comentarios o las quedadas en una continua búsqueda de beneplácito grupal que les exige ser el más popular y el menos criticado, un marco digital de gran publicidad, donde la intimidad cada vez queda más reducida, por uno mismo, por los demás y por la red social, donde las lesiones a la intimidad se producen con más intensidad y  con la repercusión viral más amplia. 

Todo se cuelga en Facebook, cualquier éxito, pero también cualquier agresión, daño o maltrato físico o psíquico es conocido enseguida por todos. Facebook es rápido, inmediato, con una difusión ramificada inmensa. Les propongo un reto, en esta globosfera cada vez más interactiva que parece conocernos más que nosotros mismos, aprendamos a proteger la privacidad cada día, principalmente no facilitando de forma innecesaria datos sensibles propios o ajenos. De lo contrario, entre 'amigos de mis amigos', algoritmos, cookies y redes sociales, la intimidad será una víctima cada vez más frágil ante mi teoría de los tres mordiscos virtuales. Usemos Facebook con sentido común, disfrutemos del derecho a nuestra privacidad y contagiemos una actitud racional y positiva hacia el uso de las redes sociales.

Lefebvre - EL Derecho no comparte necesariamente ni se responsabiliza de las opiniones expresadas por los autores o colaboradores de esta publicación

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