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Lo Personal y lo Profesional, las 2 caras de la moneda del éxito

Por Susana Sanjurjo Rebollo

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Cara y cruz de una misma realidad, tu vida.

Saber diferenciar entre lo personal y lo profesional dentro del mundo virtual de Internet y las Redes Sociales (RRSS) es algo que no hemos de perder de vista en ningún momento. El éxito de nuestro negocio puede radicar precisamente en tener presente esta división.

Esto es algo aplicable a cualquier ámbito profesional; pero, especialmente al ámbito de la abogacía.

Empecemos analizando el primero de los tópicos: ¿En qué piensa un posible cliente cuando tiene un problema y necesita un abogado?

Sin duda, la idea inicial de la mayoría de los clientes en cuanto a quién conformaría un bufete de abogados ideal para ellos sería la de un grupo de profesionales serios, competentes, vestidos con traje de chaqueta, preferiblemente de oscuro, con maletines, y con aspecto de tenerlo todo bajo control.

Una imagen clásica que representa la seriedad y profesionalidad que puede hacer que confiemos plenamente en alguien a la hora de dejar en sus manos nuestros problemas, aquellos que de no resolverse pueden incluso conllevar las peores consecuencias para nosotros.

Esto no ocurre solamente con la imagen de los abogados, como ya os señalaba más arriba. Lo cierto es que cada profesión tiene su propio tópico en cuanto a imagen se refiere, y pese a existir una clara tendencia a la “modernidad” en todas y cada una de las áreas profesionales que rodean nuestra vida cotidiana, especialmente aquellas que significan o conllevan una gran autoridad y/o responsabilidad, aún siguen necesitando y apoyándose en la importancia de esa buena imagen profesional para sacar adelante su negociado.

Hace poco alguien me pedía consejo sobre cómo saber más sobre su nueva doctora de cabecera, porque al llegar a la consulta se había encontrado que le habían cambiado a su médico de siempre por una joven con piercings, tatuajes, un corte de pelo atrevido, y que bajo la bajo la bata dejaba ver unos pantalones de cuero. Esta persona estaba realmente preocupada porque alguien así fuera capaz de ayudarle con sus posibles enfermedades; lo que demuestra que en la imagen de un profesional depositamos nuestra creencia sobre el nivel de credibilidad de sus competencias. Esto no es que sea o no lo correcto; pero, es lo que ocurre en la vida real. La imagen sigue siendo crucial.

Vivimos un momento convulso en el que, pese a lo que la sociedad ha evolucionado y sigue evolucionando día a día en cuanto a pluralidad se refiere, y a pesar de lo permisivos que nos hemos vuelto todos al aceptar esta nueva sociedad, seguimos irremediablemente juzgando a los que tenemos enfrente por su aspecto.

De hecho, si tuviéramos la oportunidad de participar personalmente en el experimento que realizó una conocida marca de refrescos el pasado año, mostrando a gente de a pie las fotografías de otras personas de las que les pedían opinasen, tomando como referencia simplemente su aspecto. La sorpresa era generalizada cuando posteriormente les mostraban quienes eran realmente las personas de las fotos, ya que pocos acertaban con las profesiones de los fotografiados, porque la gran mayoría atribuía labores profesionales de poca responsabilidad a aquellos con atuendos más desenfadados. Un curioso experimento que nos ayuda a darnos cuenta de que por muy abiertos de mente que nos consideremos todos, en el fondo seguimos teniendo muchos perjuicios que vinculan aspecto exterior a las capacidades y responsabilidades profesionales que somos capaces de desarrollar. Y es que en este interesante experimento todos se dejaron llevar por los tópicos, y asignaron a cada individuo fotografiado el rol que la sociedad nos ha enseñado que deben tener unas y otras profesiones.

Hagamos ahora otro experimento, demos un vistazo a dos de las RRSS más populares, de las que sin duda utilizamos en nuestra vivencia en Redes, como son Facebook y Twitter. Si tienes cuentas personales en estas dos Redes, y dando un simple vistazo a tus muros, no tardarás en darte cuenta de la cantidad de imágenes personales que lanzamos, muchas veces de forma inconsciente y sin recapacitar en modo alguno sobre las posibles consecuencias que pueden conllevar, al facilitar datos sobre nuestra intimidad, familia, vacaciones, gustos o preferencias, conformando nosotros mismos nuestra imagen en la Red sin demasiadas cortapisas y sin proteger nuestra intimidad.

Durante las épocas de asueto, sobre todo, se incrementa exponencialmente esa, llamémosla “inconsciencia”, aunque lamentablemente esas actitudes de exhibir toda nuestra vida personal se producen en cualquier momento de nuestra “vida personal”. Pero, lo cierto es que especialmente el tiempo libre nos empuja a dar rienda suelta a ese “exhibicionista virtual” que todos llevamos dentro cuando nos movemos en RRSS. Si a esto unimos la creciente importancia con la que las RRSS están dotando a las imágenes, ¿qué tenemos?: Muros llenos de datos personales. De hecho, el muro de mi página personal de Facebook estaba hoy repleta de fotografías de gente que ni siquiera conozco. La mayoría de ellos aparecen ahí primero, por su propia necesidad de mostrarse, de publicar todo lo que hacen, lo bien que se lo están pasando, o lo bonito que es el lugar donde están; y segundo, porque a mis amigos les ha gustado lo publicado, y la han aplaudido dando a Me gusta, lo que ha generado que automáticamente dicha publicación, dicha fotografía, la vida personal de una persona a la que ni siquiera conozco, cuelgue hoy de mi muro, y por si fuera poco, en un alto porcentaje de los casos, con una etiqueta en la que puede leerse su nombre.

La privacidad ha muerto, las RRSS la han matado.

Hasta aquí, y a día de hoy, todo esto podría considerarse correcto, porque no está mal ni mucho menos que cada persona viva en RRSS, y lo haga a su manera, nuestra era es así, pero, hay que ser conscientes de las posibles consecuencias, la primera, la disminución de la privacidad.

Ahora, dejemos pasar la locura de esas vacaciones que todos necesitábamos como el aire que respiramos, y volvamos a la realidad del día a día laboral. Volvamos a embozarnos en ese “uniforme” que nos acompaña durante el resto del año y que representa nuestra imagen, y sentémonos a esperar que nuevos clientes llamen a la puerta de nuestro bufete, sin olvidar que nosotros hemos configurado nuestra imagen personal en RRSS con absoluta libertad, pero que profesionalmente, tanto nosotros como nuestro despacho tiene una imagen en la red. ¿Es esto un conflicto?. Pasamos a analizarlo a continuación.

Seamos por un instante el cliente. Naveguemos por Internet, busquemos en cualquier buscador abogados a los que confiarles nuestros problemas. Lo más probable es que una vez que encontremos una web que nos atraiga, que nos parezca que tiene todo aquello que buscamos, nos pongamos a buscar más, que busquemos en profundidad, porque la Red lo permite con sus miles de buscadores, información sobre todas aquellas personas cuyos nombres aparecen entre el staff de ese despacho de abogados en el que vamos a confiar. ¿Qué es lo que vamos a encontrar?. Lógicamente, también sus perfiles personales.

Recordad: “La privacidad ha muerto, Internet la ha matado”, y no me cansaré de repetirlo. Las RRSS nos han convertido en monstruos consumidores de información, en superusuarios de la Red, y antes de ponernos en manos de nadie, ya sea abogado, médico, fisioterapeuta, dentista, profesor… escrutamos en Internet todo lo que podemos sobre “la persona, el ser humano” que hay detrás de esa profesión, para ver si cumple nuestras expectativas. Y si no las cumple, nos vamos, porque la Red ofrece miles de posibilidades más.

En mi anterior post sobre Marca Personal os decía desde un principio que hay que tener claro que si optamos por promocionar a cada uno de los profesionales que integran el bufete, hay que ser especialmente cuidadosos y tener muy claro dónde empieza el profesional y dónde el “ser humano”.

Lo ideal en cualquier profesión y no solo para los profesionales de la abogacía, sería tener 2 cuentas independientes, que no pudieran relacionarse entre ellas: la personal y la profesional. La primera, la personal, ha de ser una cuenta cuya identificación sea discreta, que nos camufle, sin demasiados datos personales, cuyo contacto conocerán nuestros amigos. En ella, si nos resulta imposible evitar la publicación de fotos, debemos cuidar que al menos nuestro nombre profesional no aparezca en ellas, lo que no siempre es fácil tratándose de abogados. Esto quiere decir que si nos llamamos Pedro García, y ese es el nombre por el que nuestros clientes nos van a buscar en Redes, quizá nuestra cuenta privada debería tener un nombre como Pedro G32, no sé, cualquier opción es buena, siempre que no sea fácilmente reconocible que se trata del mismo individuo, el reputado abogado y el surfero de Tarifa.

Si ya tenemos una cuenta personal con nuestro nombre completo, en algunas Redes es posible cambiarlo. Facebook por ejemplo nos permite hacerlo, aunque una única vez. Si este es tu caso y quieres saber cómo hacerlo, sigue estos pasos:

  1. Haz clic en  en la parte superior derecha de cualquier página de Facebook y selecciona Configuración.
  2. Haz clic en Nombre de usuario.
  3. Escribe tu nuevo nombre de usuario y contraseña, y haz clic en Guardar cambios.

Otras Redes como Twitter, también te lo permiten de un modo muy sencillo: Simplemente accediendo al menú de configuraciones personales y escribiendo tu nuevo nombre de usuario.

En ningún caso quiero dar la sensación de estaros pidiendo que no seáis vosotros mismos en RRSS, ni mucho menos; ya que no se puede mantener una mentira por mucho tiempo; pero se trata de privacidad y de desvincular perfiles personales de perfiles profesionales, imágenes lúdicas de verano de la imagen profesional que quiero dar en mi vida laboral.

En RRSS hay que ser natural, y que la gente te valore por lo que realmente eres; pero, en la Red, como en la vida real, hay que saber mantener las formas. No me imagino a ningún abogado que se precie, recibir a un cliente en bermudas y camisa hawaiana, por muy mes de agosto que sea.

Aquí estamos hablando de dar vida virtual a un despacho de abogados, de conseguir ser el primero en aparecer en las búsquedas, en tener seguidores que puedan ser futuros clientes, hablamos de aprender a crearse una reputación favorable, todo en pro de mantener tu bufete en primera línea y conseguir que el negocio funcione.

Por ello, hay que ser cuidadoso, porque en realidad no es incompatible tener perfiles personales y profesionales, no lo creo; solo hay que aplicar al mundo virtual las mismas normas que aplicamos en nuestra vida cotidiana. No vamos por la ciudad en nuestro coche con un tablero luminoso lleno de fotos de nuestra última escalada al Himalaya, o de nuestros hijos y nuestra mascota. No gritamos en el autobús que nos vamos de fin de semana y damos nuestras señas para que algún “amigo de lo ajeno” sepa que tiene dos días enteros para saquear nuestro hogar. Nos molesta que alguien lea sobre nuestro hombro el periódico, pero no nos importa que el compañero de trabajo de la hermana del primo de nuestro vecino del quinto vea la foto de nuestro bebe en su primer baño en el mar.

Lamentablemente, esa inconsciencia de la que os hablaba, ese exhibicionismo virtual, es un problema social no solo aplicable a ciertos entornos laborales, sino a nuestra vida en general. Por ello, si las RRSS nos han cambiado la manera de concebir las cosas y no nos damos cuenta de que las Redes no son más que una ventana abierta al mundo por la que se nos escapa la vida privada, tenemos un problema que hay que solventar. Y esto, en muchos casos, como en el que nos resulta aplicable en el mundo de la abogacía, puede perjudicar gravemente nuestro negocio, y con ello nuestra forma de vida.

Para evitar posibles injerencias negativas de perfiles personales y profesionales, lo que os recomiendo nuevamente, como ya lo hice en anteriores posts, es que realicéis un estudio de lo que ya hay en RRSS sobre vosotros y sobre los componentes de vuestros bufetes de abogados antes de entrar como entidad en las Redes. Se trata de una labor en la que también os podría ayudar un profesional del Community Manager, pero como siempre os digo, el contar o no con ayuda profesional, pese a ser recomendable, es una decisión vuestra. Eso sí, hacerlo hay que hacerlo, porque para entrar con mal pie en RRSS, mejor no nos molestemos. Así que, manos a la obra, y revisad vuestros perfiles personales y los de los componentes de vuestro bufete antes de que cualquier interferencia perjudique vuestra Marca Personal como Despacho.

Nos vemos en el próximo post en el que trataremos las herramientas básicas que necesitas para empezar a crear …

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